Rocío Garnacho es enérgica, apasionada y una firme defensora de la importancia de la donación de sangre. Profesora de derecho en la UIB, ideó el #Reto500, con la ayuda del Banco de Sangre, para concienciar a los universitarios y al profesorado de lo que implica ser donante. Vivió su toma de contacto con el valor de la sangre a raíz de la enfermedad de su madre. Un cáncer de páncreas con una esperanza de vida de seis semanas. Esperanza que se pudo alargar gracias a una serie de transfusiones, que le “permitieron despedirse con dignidad de sus seres queridos”. Rocío sabe todo el bien que una donación puede hacer y por ello, siempre busca el modo de transmitirle a los demás el valor de donar sangre.
PARTE I:
“A mi madre mi
madre le diagnosticaron un cáncer de páncreas, con una esperanza de vida de seis semanas. De pronto te encuentras que a nivel familiar tienes una enfermedad irreversible, incurable y que todo ese tiempo que queda es sólo una preparación para el final”, cuenta Rocío Garnacho, con una inflexión emotiva en su voz.
Enérgica, apasionada y con una personalidad que derrocha carisma y buen rollo, es profesora de derecho y artífice del #Reto500. Su toma de contacto con el valor de la sangre fue a raíz de la enfermedad de su madre, a la que visitaba cada día en el hospital.
“Una tarde vi que estaba recibiendo una transfusión y reconozco que me enfadé. Así que fui a hablar con el médico y le dije: «Oye, ya hay que parar con esto, ¿no? Tenemos lo que tenemos, no vamos a estirarlo más de lo necesario». Yo quería llevármela a mi casa para que falleciera allí, rodeada de su familia y no en una cama de hospital” cuenta ella con tono profundo y gesto grave. “Con mucha amabilidad, el médico me respondió: «Estás equivocada. Ya verás que tu madre estará mejor mañana, pasado y al otro»”
Un instante de pausa. Breve, concisa. Aparta un momento la mirada. Cruzada de brazos, apoyada sobre los codos en la mesa y con una taza de café vacía enfrente, asegura:
“Aquella transfusión nos permitió a todos hacer un tránsito hacia el final de una manera mucho más amable, porque, en esas últimas semanas, mi madre tuvo un bienestar como consecuencia directa de haber recibido sangre. Que gracias a la donación de una persona anónima un enfermo pueda estar bien en sus últimos momentos para despedirse de sus seres queridos, a mí me generó un gran impacto. De pronto me dije, que pena que yo no pueda donar, que yo no pueda hacer esto por los que lo necesitan”.
Rocío empezó a pensar en cómo podía ayudar. Cómo podía “favorecer o canalizar que alguien con ese poder lo pusiese en marcha” para salvar o mejorar vidas. Para ella, la utilidad de la donación en los cuidados paliativos para enfermos terminales es sumamente importante. “Salvar una vida es algo increíble, pero también ganarle tiempo a una persona para que se despida con dignidad. La gente con el poder de donar sangre debería conocer el valor de todo lo que puede hacer por los demás. Es que si al menos 1 de cada 20 personas fuese donante…”, reflexiona
“¿Cómo puede ser que todavía tengamos que escuchar por la radio que el Banco de Sangre sólo tiene reservas para dos días? Es que es muy grave. No podemos esperarnos a que le ocurra algo malo a un familiar para ir a donar. Es un problema de desconocimiento y yo lo veo en la UIB. El que dona y el que no. De ahí el #Reto500, cien donaciones al día durante cinco días y el contacto con la realidad de la donación”.
🖋 Andreu Vidal Bustamante
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